Volví a ver “Paterson” (2016) hace poco y no dejé de pensar en ella. Adam Driver hace de colectivero: la misma ruta todos los días, las mismas caras, y aun así encuentra algo para escribir — un poema sobre una caja de fósforos, sobre su perro, sobre algo que escuchó de pasada en el colectivo.
Me hizo pensar en el trabajo. Con la IA generando variantes en segundos, es fácil dejar de mirar de verdad — menos observar, más producir. Pero lo que más me sirvió siempre en diseño fue justamente eso: prestarle atención a algo que nadie más notó.
Paterson no busca nada extraordinario. Lo encuentra en la rutina: en el mismo trayecto, la misma parada, la misma taza de cereal a la mañana. Y sin embargo, cada día sale con algo nuevo para decir. Me quedó dando vueltas como recordatorio de que la atención sigue siendo lo más valioso que tenemos, se diseñe lo que se diseñe.
